¿Por
qué ocurre el abuso contra la mujer?
El abuso
contra la mujer es producto de la desigualdad social, económica
y política. Las actitudes tradicionales y la estructura jerárquica
de la sociedad han apoyado el dominio del varón y la sumisión
de la mujer. La ira y la agresividad se consideran maneras adecuadas
de resolver conflictos, especialmente para los hombres. Las tradiciones
sociales y legales también han permitido que el abuso contra
la mujer sea tratado como cuestión privada dentro del hogar familiar.
La conducta
abusiva no es producto de deficiencias individuales, personales o morales,
de enfermedades, de insuficiencia intelectual, de adicciones, enfermedad
mental, pobreza, de la conducta de la otra persona o de acontecimientos
externos. Los perpetradores actúan con base en un conjunto de
creencias y actitudes sobre cómo deben relacionarse hombres y
mujeres en relaciones íntimas. Los hombres abusivos generalmente
creen que tienen el derecho de obligar a sus parejas femeninas a obedecer
su voluntad. La decisión del abusador de recurrir a cualquier
forma de abuso es completamente independiente de las acciones de la
víctima.
Los hombres
también pueden ser víctimas de abuso, pero el término
“abuso contra la mujer” reconoce que las mujeres con víctimas
del abuso con más frecuencia, y los hombres son generalmente
los perpetradores. El abuso contra la mujer se da en familias de todos
los niveles socioeconómicos, educativos y culturales, y se manifiesta
tanto en ambientes rurales como urbanos. Las mujeres en relaciones lesbianas
también corren riesgo de sufrir abuso.
Ninguna
forma de abuso es peor que las otras. Las formas de abuso que no son
físicas son tan dañinas para la mujer como el abuso físico.
Las tácticas de control pueden aparecer gradualmente como comportamientos
coercitivos que no son de carácter criminal. Este proceso sutil
dificulta el reconocimiento del abuso por parte de la mujer, así
como de sus amigos, familia o profesionales. Muchas mujeres afirman
que las consecuencias emocionales y psicológicas del abuso son
mucho más dañinas que las de los ataques físicos.
Aunque el abuso emocional puede darse en ausencia del abuso físico,
es frecuente que ambos se manifiesten simultáneamente.
Algunos
contenidos han sido extraídos de la campaña provincial NFF (Neighbours,
Friends and Families) y/o aprobados por sus organizadores.